Especialistas de todo el mundo se reunieron en París para compartir buenas prácticas en torno al aprendizaje del consumo responsable y la importancia de preservar la biodiversidad del planeta. El llamado es a que más escuelas se sumen.

Las actividades que a Inés Sagouane (13) le ha tocado realizar en el colegio Michel Chasles de Épernon pueden en su mayoría conectarse con el medio ambiente. Este año en clases de Ciencia tuvo que ingeniárselas para medir el caudal de agua que arrastraba el río cerca de su escuela -junto a sus compañeros tomaron el conocimiento de los antiguos pescadores del sector, que usaban cordeles con nudos para ver qué tan profundo llegaban-, mientras que en Arte debió crear una maqueta en base a eso que había averiguado.

En Matemáticas las mediciones se transformaron en un grafico que señalaba los resultados según la época y el sector de la evaluación. “Las volvió mucho más entretenidas. Los números no es algo que a mis compañeros les guste estudiar, pero en este caso fue distinto, porque era cercano a nosotros”, comenta.

Mientras lo cuenta, sus amigos muestran una serie de afiches que describen todas estas labores, las que incluyen infografías y dibujos de gotas de agua. El entusiasmo es mucho: la Escuela Michel Chasles -ubicada en un pueblo de 5 mil habitantes a 60 kilómetros de París- fue el lugar escogido por la División de Educación para el Desarrollo Sostenible de la Unesco para mostrar de forma concreta la labor que durante los últimos años han apoyado en distintos centros educativos alrededor del mundo.

Se trata de iniciativas que potencian el que los estudiantes adquieran conocimientos y actitudes más ecológicas en su día a día, enseñándoles sobre conceptos como cambio climático, reducción de desastres naturales, biodiversidad y consumo sustentable. A través del debate de estos tópicos se estimula a que los alumnos “puedan desarrollar un pensamiento crítico más acabado, imaginando futuros escenarios y tomando decisiones de forma colaborativa”, indican los lineamientos de la Unesco en torno a esta materia.

“No se trata únicamente de hablar sobre el carbón, sino de algo que nos atañe a todos como personas. Y si se trata de las personas, entonces se trata también de la educación”, indicó Sue Williams, del equipo de Naciones Unidas.

Entre todos

Para ayudar a los profesores a incorporar este tipo de prácticas a sus escuelas, la Unesco cuenta con una serie de cuadernos de información y ejemplos de iniciativas operantes en su sitio web. La idea es mostrar de forma concreta que cualquiera puede darle un vuelco más “verde” a la educación si así se lo propone.

 

Este es el caso de colegios como el Shizutani de Japón y otros diez establecimientos en las Islas Cook. Mientras que el primero da a sus alumnos la oportunidad de transformarse en guías encargados de pasear a turistas por los jardines del colegio fundado en 1670, en el archipiélago se invita a los estudiantes a recorrer las playas recogiendo basura y anotando en sus bitácoras qué situaciones podrían propiciar un aumento en el nivel del agua o un mayor número de tormentas tropicales.

En ambos casos se busca formar conciencia en torno a la preservación del lugar donde se habita.

En Vietnam el aprendizaje ESD involucra un proyecto conjunto entre el Ministerio de Educación, el departamento provincial de Thua Thien-Hue y la marca Samsung. Consiste en capacitar a los profesores en materias de sustentabilidad a través de cursos en línea dictados por universidades, especialistas internacionales y activistas ligados a ONG, entre otros. Al realizarse a través del computador, la materia es constantemente actualizada y los maestros tienen la oportunidad de adaptar la lectura según su horario.

En clases “se promueve además el uso de imágenes satelitales a modo de herramienta para tomar decisiones”, comentó Katherine Müller-Marin, costarricense y representante de la oficina en Ha Noi de la Unesco.

Concretamente se propicia que en el aula se muestre a través de mapas (como los de Google) cómo ha ido cambiando el paisaje por culpa de acciones como la tala indiscriminada de árboles o el uso excesivo de agua. Es una acción económica y fácil de replicar en cualquier sala de clases.

Formar convenios entre las escuelas y los municipios en los que están insertas también es una idea que se repite. Es el caso de lo que se ha ido trabajando en El Cairo a través de talleres en donde niños y apoderados aprenden en escuelas de reciclaje a sacar provecho a las 14 mil toneladas de basura que la ciudad produce cada día.

En el propio Colegio Michel Chasles de Épernon los estudiantes se aliaron con empresas para mejorar su entorno común. Con la compañía farmacéutica Expanscience decidieron plantar una serie de árboles en conjunto y formar alianzas “en donde los estudiantes nos dan sus ideas para bajar nuestro consumo de energía, agua y huella de carbono y a cambio nosotros les explicamos conceptos en torno a la química verde”, explica Karen Lemasson, parte de la empresa.

Cierre del ciclo

En 2005 se dio pie a lo que la Unesco llama la década de la Educación para el Desarrollo Sostenible, una era centrada en dar a conocer y promover la importancia de concientizar a la juventud en torno al tema de la sustentabilidad. Para cerrar este ciclo, en 2014 se va a celebrar en Japón la Conferencia Mundial en torno al tema, la que se espera sea la más importante de su tipo. Se habla de cientos de invitados, entre especialistas y personajes públicos.

Fuente: El Mercurio 25 Noviembre 2013 Cuerpo A p. 13 Educación

Autor: MARGHERITA CORDANO F. DESDE PARÍS, FRANCIA