Dejaron de ser un lugar donde solo se almacenaban libros y se exigía silencio sepulcral. Funcionarios y el mismo público hoy entienden que la multiplicidad de servicios es fundamental en establecimientos que se tildan a sí mismos de contemporáneos.

Como una forma de dar a conocer las razones por las que las personas se acercaban a la Biblioteca Pública de Nueva York, en agosto de 2013 se instalaron dos cabinas fotográficas en ese recinto. Junto con posar frente a la cámara, a los usuarios también se les pedía especificar por qué habían visitado el lugar: ¿venían a leer, a modo de visita o con fines de investigación?

“Decidimos entregar opciones para explicar por qué estaban aquí. Pedir prestado un libro, escribir, o simplemente explorar, por ejemplo. Además de conocer los intereses de nuestros usuarios, nos sirvió para difundir la voz en torno a los servicios que ofrecemos. Esto, porque las fotos, en las que aparece escrita la razón de cada visita, las mandamos por correo electrónico, y es común que, después, las personas las compartan en sus redes sociales”, explica Jen, bibliotecaria del lugar.

Desde Estados Unidos, Jen comenta sobre este servicio desde el chat que también habilitó la biblioteca. Se trata de una función que permite a cualquier persona, desde cualquier parte del mundo, interactuar en tiempo real con quienes allí trabajan. Es, además, una de las herramientas con las que la biblioteca ha ido balanceando una tradición del libro impreso de más de 100 años, con las herramientas tecnológicas hoy disponibles.

En Chile

Para Patricia Ortiz, directora de la carrera de Gestión de Información, Bibliotecología y Archivística, de la Universidad Alberto Hurtado, el estudio en torno a las bibliotecas es uno de los campos que más han cambiado en el último tiempo. Si antes se las concebía como un lugar solemne donde se archivaba información, la idea de brindar un servicio a más personas -volviéndolo un espacio más comunitario y accesible para todos- ha hecho que las bibliotecas se esfuercen por incorporar nuevos métodos para captar público. Desde los talleres de stop motion en la Biblioteca de Santiago, hasta la colección digitalizada de la Biblioteca Nacional.

“Mi generación estudió con lápiz y papel, haciendo fichas con máquina de escribir. En este momento, en cambio, yo misma trabajo en temas digitales, enseño metadatos, administro sitios web y estoy pendiente de las redes sociales”, explica Ortiz.

Su ejemplo sirve para graficar cómo el concepto de bibliotecas no solo ha cambiado en países desarrollados como Estados Unidos, sino en Chile mismo.

“Una biblioteca que solo tiene buenos libros es probablemente una biblioteca que no está dialogando con su comunidad. Esto no quiere decir que los libros impresos no sean una parte fundamental, pero cuando se piensa en una biblioteca contemporánea, igual de importante son los computadores, el mobiliario, un edificio adecuado y un espacio donde lo que prime no sean las prohibiciones de uso ni las órdenes de silencio”, indica Gonzalo Oyarzún, subdirector del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas, que forma parte de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Dibam.

Así, por ejemplo, hoy no parece raro que al entrar a la Biblioteca Corfo, lo primero que se escuche sea música ambiental. A un lado de la entrada hay una sala que permite a los usuarios realizar videoconferencias y, al otro, un área dedicada a los niños, donde hay puzzles y libros que incorporan sonidos. El espacio siguiente lo componen muebles de distintas formas y colores, mientras que los libros -así como los televisores- están en estantes empotrados en la pared.

“Acá llegan muchas personas con la intención de reunirse y generar negocios. Se arman buenos grupos de conversación y está todo a la mano: diarios, libros, internet y cafetería”, comenta René Rojas, usuario de la biblioteca desde hace un año.

Ser de todos

El tema de la comida no es ajeno a otras bibliotecas nacionales. Mientras en la Biblioteca de Santiago es posible encontrarse con máquinas expendedoras de bebidas, en la recientemente inaugurada Biblioteca Regional de Antofagasta hay un área de cafetería. “Tenemos el concepto de biblioteca tipo paseo. Contamos con un espacio amplio, lo que hace que el público se acerque y, de a poco, se vaya sacando esa idea más antigua de un lugar donde todo era muy apiñado, silencioso y apegado a las reglas. Aquí no queremos alejar al público, no queremos ser de unos pocos”, comenta Cristián Jorquera, su director subrogante.

El propósito de acercar a más personas no implica alejar a aquellas más asiduas a la lectura, explica Erika Araya, jefa de BiblioGAM. “Por la naturaleza del acto de leer o estudiar, muchos usuarios acuden a las bibliotecas buscando espacios de silencio para poder concentrarse, lo que es perfectamente comprensible. A su vez, otros vienen para encontrarse con sus pares, participar en actividades de lectura grupal, exposiciones, presentaciones de libros y otras que no se caracterizan por ser silenciosas. Los responsables de la biblioteca deben gestionar adecuadamente el espacio, los horarios y las actividades de extensión, de manera que todos puedan convivir en armonía”, dice.

Esto, aconseja, se puede hacer creando buenos canales de comunicación con los distintos usuarios; desde redes sociales hasta afiches. Además, es importante prestar atención al diseño, sabiendo separar espacios y aislar sonidos.

– Hay que fortalecer a quienes atienden

Aunque los especialistas consultados coinciden en que Chile está haciendo un buen trabajo en cuanto a la modernización de sus bibliotecas públicas, todavía hay áreas en las que creen se puede hacer más. “Sería adecuado fortalecer la difusión de las bibliotecas y avanzar en la profesionalización de quienes las atienden. Se dan casos de bibliotecas públicas cuyas colecciones e instalaciones son de primer nivel, sin embargo, las personas que trabajan en ellas no poseen la formación para gestionarlas adecuadamente”, opina Érika Araya, de BiblioGAM.

“Es importante que quienes estudian para ser bibliotecarios tengan asignaturas de tratamiento de recursos electrónicos, procesos de digitalización y conservación. Hoy también hay que tener ramos de derecho, donde se enseñe de protección de datos personales”, cree Patricia Ortiz, de la Universidad Alberto Hurtado.

Por su parte, Gonzalo Oyarzún, del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas, cree que “hay que saber capacitar según el área donde se trabaje. Manejar una biblioteca pública no es lo mismo que una escolar”, comenta.

Su opinión en torno a que es necesario incrementar el presupuesto para las bibliotecas la comparte con Cristián Jorquera, de la Biblioteca Regional de Antofagasta. “Los fondos se pueden dedicar a crear más programas de difusión”, dice este último.

– Los usuarios sacan la voz

“Me gusta que el nuevo concepto de bibliotecas implique que uno no se tenga que encerrar a leer algo. Aunque es cierto que a veces hay más ruido, suelo no distraerme, porque vengo desde antes con la idea de que estos no son lugares como los de antaño”.René Rojas, usuario de la Biblioteca Corfo

“Soy amante de la lectura. De niña pasaba el día entero en la Biblioteca Nacional y hoy repito esas tardes en compañía de mi hija y mis nietos. Me parece muy bueno que existan áreas especialmente diseñadas para motivar a los más chicos con los cuentos, a ellos les encanta”.Yolanda Fernández, usuaria de la Biblioteca de Santiago

“Estoy aquí por los computadores. En la biblioteca me dan la opción de buscar información e imágenes de lo que necesito y nunca me cobran. Al principio venía acompañando a mi mamá y ahora muchas veces es al revés; ella me tiene que esperar a mí porque estoy entretenida”.Daynelinne Cazaudehore, usuaria de la Biblioteca Corfo.

El Mercurio 26 Enero 2014 Cuerpo A p. 12 Educación

Autor: Margherita Cordano F.