Oscar Stringer afirma que estos equipos van más allá del consumo de contenido, permitiendo nuevos tipos de creatividad y usos didácticos que facilitan el trabajo de los profesores.

 

Desde el lanzamiento del iPad, hace poco más de cuatro años, el concepto de las tabletas pasó de ser el sueño de varios fabricantes a un tipo de interacción cada vez más popular y aceptado. De hecho, estos dispositivos han ido reemplazando a los computadores en la vida de miles de personas, y ahora están conquistando un nuevo ámbito: la escuela.

El inglés Oscar Stringer visitó Chile para participar de una serie de encuentros organizados por la Asociación de Colegios Británicos de Chile (ABSCH, por sus siglas en inglés), buscando incentivar el uso de iPads en las salas de clases, a través de talleres. Stringer es un “Apple Distinguished Educator”, actuando como un “evangelizador” de la plataforma de la empresa de Cupertino.

Pero más allá de Apple y sus productos, el experto rescata el potencial de este tipo de equipos en la educación. “Hay muchas posibilidades de explotación. Es un cambio que ya está ocurriendo. Va a tomar tiempo, pero es algo que ya se está incorporando”, comentó a Emol, agregando que “los desarrolladores saben que aquí hay un campo importante y están pensando en aplicaciones para tres ecosistemas: Microsoft, Android y Apple”.

Stringer afirma que una ventaja importante para la época es que un segmento importante de los alumnos que están actualmente en el colegio nació después del auge de internet o incluso la tecnología touch. “Saben cómo usarla, no le tienen miedo”, afirma, destacando que el punto clave sigue siendo la guía de los profesores: “Si le pasas un tablet a un niño y cruzas los brazos, no va a aprender nada. Son los profesores los encargados de dirigir el uso”.

Uno de los puntos que más destaca es la posibilidad de crear nuevos tipos de tareas y trabajos, aprovechando las características multimedia que por años fueron un punto clave en el marketing de los computadores, pero que recién con las tablets se acerca a la facilidad ideal para los niños.

“La diferencia entre editar un video en un iPad o un computador es que el iPad es mucho más rápido. Claro, en un computador va a ser más completo, pero en el iPad es fácil y eso sirve en un colegio. No quiero que los niños pasen meses aprendiendo un software muy difícil. Quiero que hagan una tarea”, afirma.

La dificultad, explica el inglés, es la aceptación de los profesores. Una generación que no nació con esta tecnología y que no necesariamente la ha incorporado en su vida diaria como los más jóvenes. “Es un desafío. Lo que se necesita en estos casos es apoyo y ayuda, ideas de qué hacer. Pero no es necesario que ocupen 10 aplicaciones, o que las usen todo el día. Basta una, para entrar en el sistema”, explica. De todas maneras, agrega, el uso que se le da a la tecnología debe depender de cada profesor, con la idea de que “no se trata de pensar nuevamente todas las clases o asignaturas, es sólo un apoyo”.

En ese sentido, destaca programas como Popplet, para trabajos colaborativos, iMovie para la creación de videos e incluso apps de uso común como el juego Minecraft, como una exploración de la creatividad de los niños en un mundo abierto, y Dropbox para que los profesores dejen atrás el pendrive con sus materiales didácticos y planifiquen sus clases “en la nube”.

Pero más allá de cualquier recomendación que pueda dar, Stringer destaca el trabajo que miles de profesores han hecho, publicando tutoriales y material para sacarle provecho a las tabletas en el ámbito educativo. “Te das cuenta que algo es importante cuando buscas en Google ‘ideas para educación básica’ y encuentras cientos de resultados. El desarrollo de aplicaciones web no ha sido tan rápido como quisiera, pero esto es un fenómeno y hay que aceptarlo”, concluye.
Fuente: emol