colegio25La luz, el sonido y los espacios en los que se mueven los alumnos son claves para el desarrollo académico y un buen clima escolar. La mala acústica de las salas, por ejemplo, provoca que los estudiantes solo escuchen una de cada dos palabras.
No se trata de un colegio lindo para que gane premios de arquitectura. “Nuestra postura es que la infraestructura impacta en un tercio en la calidad del clima escolar. Es una tríada: por un lado está la infraestructura escolar, por otro los profesores y por otro, el proyecto educacional”, dice Jorge Marsino, arquitecto dedicado al tema de la educación hace 18 años.

Marsino participó en el seminario “Calidad estética del entorno escolar”, realizado la semana pasada en la Universidad Católica. Allí mostró el caso del Liceo Técnico Profesional La Florida, diseñado por Marsino Arquitectos Asociados y cuyo diseño influyó fuertemente en la comunidad escolar.

El edificio, que recibe mucha luz natural gracias a un gran ojo ubicado en el techo, y que cuenta con pasillos anchos y en espiral, cambió tanto la convivencia, que ya no hay bullying y “los niños ya no se duermen en la sala de clases”, explicó la directora en un video presentado en el seminario.

Pasillo amistoso

“Hay menos conflictos porque es un espacio de alta visibilidad, no fraccionado, con alta interrelación e iluminación”, dice Jorge Marsino. “Generalmente los colegios están estratificados por niveles y los pasillos son funcionales. Acá los pasillos son un lugar de paseo, para sociabilizar, porque son anchos, con una pendiente regulada. Es decir, no solo sirven para ir de mi sala al patio, sino que voy paseando por este lugar y me voy relacionando con mis pares”.

Sebastián Howard, secretario académico de la Facultad de Educación de la Universidad Diego Portales, profesor de Matemáticas y doctor en Educación, coincide plenamente con Marsino. “Para mí los factores de la arquitectura inciden directamente en la enseñanza”.

“Extrañamente, los edificios de educación pública se parecen mucho a una cárcel: tienen un patio central, baños en sectores especiales, un control a la entrada. Es bien loco. Una vez pude comprar dos planos y eran idénticos”, dice Howard.

En 2002, Howard realizó un estudio comparando dos salas de clases. Según concluyó, las salas con más bajo Simce y que acogen a alumnos más vulnerables tienen un permanente ruido de fondo. “A ruido me refiero al generado por los propios alumnos, al ruido de un niño jugando afuera y cualquier sonido que no sea una conversación pedagógica”.

Para él, eliminar ese ruido es clave. “La orientación de la sala para que el ruido se absorba y no rebote es tanto o más clave que lo estético. He leído estudios que dicen que la luz natural favorece el aprendizaje, pero el conflicto es que para tener más luz natural se necesita una ventana más grande, y eso genera más ruido. Por lo tanto ahí se necesitan soluciones arquitectónicas, como doble vidrio”.

Para Howard la clave está en poder escuchar al que está enseñando. “El aprendizaje ocurre sobre una conversación. Es necesario un espacio donde se pueda dialogar. Pero si por el ruido la señal no llega, no es que el niño esté desconcentrado o que se canse, solo que no escucha, y ahí no puede o le cuesta mucho más aprender”.

El año pasado, el experto inglés en sonido Julian Treasure dio una charla TED. “Por qué los arquitectos necesitan usar sus oídos” fue el título de su conferencia, donde explicaba cómo el mal audio en una sala de clases no solo afecta la salud de los profesores (obligados a gritar y a elevar su ritmo cardíaco), también dificulta el aprendizaje de los alumnos.

“Por la mala acústica, los alumnos pierden una de cada dos palabras que dice el profesor. Esto no significa que estén recibiendo la mitad de la educación, sino que tienen que trabajar muy duro para unir los puntos y comprender qué está pasando. Esto depende sobre todo de qué tanta resonancia tenga una sala (…). Es hora de empezar a diseñar pensando en los oídos”, dijo.

Para la psicóloga y docente de la Escuela de Psicología de la Universidad de los Andes, Carolina Araya, en las salas de clases también es clave que los alumnos y profesores se apropien del aula, pero con límites.

“Hay que ser cautelosos entre lo estimulante y lo disruptivo, no hay que saturar la sala con recursos”.

Por eso, dice, a veces en vez de exponer todos los trabajos de los niños como decoración dentro del aula, es mejor hacerlo en el pasillo del colegio. Así los apoderados y otros alumnos pueden observarlos y crear comunidad.

Dentro de la sala también recomienda tener un “rincón tranquilo”. “Contar con un sector con un puff y libros es mejor idea que mandar al niño disruptivo fuera de la clase. Este sector más `desordenado` dentro de la sala no se encuentra en el sistema escolar más tradicional, aunque se suele usar en preescolares. Si se extrapolara sería un buen recurso para la educación básica, ya que allí el niño puede tranquilizarse y leer por placer, no por obligación”. Lo mejor, agrega, es que no se trata de una inversión muy grande, pero sí de un cambio en el clima escolar.

Mucho más que un espacio

Jorge Marsino, arquitecto, director de Marsino Arquitectos Asociados. “Hay datos que demuestran que cuando en una sala de clases hay una adecuada iluminación; ventilación, es decir, recambio de aire; temperatura, y acústica, hay mejoras en el rendimiento académico y en el clima escolar”.

Sebastián Howard, secretario académico Facultad de Educación UDP. “El aprendizaje ocurre sobre una conversación. Entonces es necesario contar con un espacio donde se pueda dialogar. Pero hay ruidos que no son malos, por ejemplo, la conversación que se está sosteniendo entre parejas de niños sobre una materia”.

Carolina Araya, psicóloga y docente de la Universidad de los Andes. “Las condiciones de infraestructura, la limpieza y el orden favorecen un buen clima escolar e, indirectamente, un mejor rendimiento. También es importante la adecuación de los muebles, no solo que las sillas estén en buen estado, también que sean adecuadas al porte de los niños”.

El Mercurio 28 Octubre 2013 Cuerpo A p. 17 Educación
Autor: AMALIA TORRES