Alumnos que desde 2011 se han inscrito en Pedagogía con más de 600 puntos ponderados en la PSU.

Cuando todavía estudiaba Historia en la Universidad Católica, fueron muchas las personas que se acercaron a Francisca Elgueta para preguntarle si había considerado dar clases en un colegio. “Eso era algo que me molestaba. No creía que Pedagogía fuera una mala carrera, pero en ese entonces la asociaba con personas que no habían logrado buenos resultados académicos. Tenía la idea de que mis notas estaban por sobre eso y solía recalcar que yo iba a ser historiadora, no profesora de Historia”, cuenta entre risas.

A pesar de su escepticismo inicial, la visión pesimista de Francisca no duró por siempre. Además de comenzar a entusiasmarse con las ayudantías que daba a sus compañeros (donde debía pararse frente a la clase y lograr que el grupo le prestara atención) comenzó a ser voluntaria de los cursos que la Pastoral UC ofrecía a adultos que no habían terminado la enseñanza media.

Este primer acercamiento a las aulas coincidió en 2011 con la introducción de la Beca Vocación de Profesor, iniciativa gubernamental que busca atraer a buenos alumnos a las carreras de Pedagogía. Para ello se les paga toda la carrera a quienes se inscriban en universidades acreditadas ante la Comisión Nacional de Acreditación y tengan más de 600 puntos en la PSU. A quienes sacan sobre 700 se les entrega, además, 80 mil pesos mensuales, mientras que por sobre los 720 se incluye el financiamiento de un semestre en el extranjero.

El proyecto también permite que alumnos que cursen el último año de una carrera se matriculen en programas de Pedagogía para licenciados y obtengan los beneficios. Esta última opción fue la de Francisca.

“No es fácil decidir estudiar una segunda carrera. Mi papá me pagaba la universidad, entonces no era llegar y sumarle otra cosa más. Cuando supe que se había creado la beca me entusiasmé y me convencí de que este sería mi rumbo”, cuenta.

Más talento

En su primer año de implementación, la beca logró parte de su objetivo: si en 2010 un 54% de los seleccionados en carreras de Pedagogía ponderó 550 puntos o más, al año siguiente el porcentaje se elevó a 63%. El número de quienes obtuvieron más de 700 puntos pasó de 0,61% a 1,68% en ese mismo período.

Este año, el total de seleccionados en carreras de educación a través del sistema Demre sumó 10 mil 174 jóvenes. Y aunque se destaca que 6 de cada 10 estén por sobre los 550 puntos, los números también muestran que en los últimos procesos de admisión los puntajes arriba de 680 puntos han estado estancados, siendo 3% del total desde el año 2011.

“Se valora mucho que más de la mitad de los estudiantes matriculados obtengan un puntaje dentro del tramo superior de la PSU, pero creemos que al no observarse variaciones significativas en términos del aumento de los mejores puntajes, la beca está algo agotada”, indica Marcela Ortiz, coordinadora del área de Estudios de Fundación Elige Educar. “Hoy en día se hace necesario buscar otros incentivos para promover que estos estudiantes talentosos ingresen a Pedagogía”.

Entre estos incentivos, cree Adolfo Millán, estudiante de Pedagogía en Castellano en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación y perteneciente a la primera generación de becados, está actualizar la malla curricular de ciertas casas de estudio. “Si vas a atraer talentos, la formación inicial docente no puede ser la misma de hace algunos años. Se hace necesario desafiarlos, actualizarse constantemente, estar al día con lo que ocurre en la realidad educativa, no tanto con la antigua teoría. Muchas de las cosas que te enseñan en las facultades hoy, en la práctica no llegas a aplicarlas”, dice.

De ahí que sean muchos los que una vez dentro de la carrera terminen yéndose, desmotivados. “A pesar de que el programa de licenciados era de solo un año, creo que 4 de los 15 que éramos no terminaron”, comenta Bernardo Bello, quien luego de la licenciatura en Historia comenzó a estudiar para ser profesor en la Universidad Diego Portales.

Deserción

Según cifras recopiladas por el Grupo de Estudios Avanzados Universitas y “El Mercurio”, la visión de Bernardo no está lejos de la realidad de algunas instituciones. Durante el primer año de estudios, la deserción de los estudiantes de pregrado de Pedagogía Básica en la Universidad de Viña del Mar fue de 58%. En la Universidad Academia de Humanismo Cristiano la cifra llegó a 47%, mientras que en la de Antofagasta y del Pacífico los números alcanzaron 46% y 38%, respectivamente. Quienes presentan menos deserción son la U. Central (3%), Diego Portales (4,5%) y Católica del Maule (8%).

Como parte de la primera generación de becados, Bernardo Bello cuenta que tomó la opción de dedicarse a la docencia para “traspasar todas esas cosas que estaba aprendiendo a un grupo más grande del que podía alcanzar siendo investigador”. En cuanto a los cambios que ha sentido desde la implementación de la beca, cree que de a poco la sociedad ha comenzado a apreciar más a quienes enseñan. “La gente confía en que un becado está mejor preparado, que son personas que saben de lo que hablan. En una entrevista o en reuniones de apoderados ayuda que se sepa que un profesor no es alguien que entró a la universidad porque sí, sino porque quiso volverse un especialista”, explica.

Karina Martínez, estudiante de 4° año de Educación de Párvulos en la Universidad Católica, concuerda.

“Desde que empezó la beca hubo un cambio importante en la valoración que se le otorga a la carrera, pues se dio a conocer que muchos de los que entramos lo hacemos con buenos puntajes y por vocación”.

Pero -continúa- “para que las Pedagogías lleguen a ser tan admiradas como Ingeniería o Medicina, todavía queda mucho. La remuneración o la poca regularización que hay sobre las horas de trabajo todavía son cosas pendientes”.

Retribuir

Datos de Elige Educar muestran que a pesar de que ha crecido el interés por la carrera, quienes finalmente no se matriculan esgrimen razones como el trabajo excesivo, las escasas oportunidades de desarrollo o lo poco que se gana siendo profesor. Al cuarto año de titulación, las cifras muestran que es común recibir alrededor de 700 mil pesos al mes.

Y aunque las cifras muestran variaciones según se trabaje en un colegio particular o privado, llama la atención que todos los entrevistados opinan que es una muy buena iniciativa tener que retribuir la beca trabajando al menos tres años -uno a dos en el caso de las licenciaturas- en establecimientos municipales, subvencionados o de administración delegada. “Ahí te pruebas de verdad. Mi plan ahora es dedicarme a una escuela rural, de esas pérdidas en el Altiplano o en la cordillera, para mostrar a los niños que si ellos quieren, tienen todo un mundo por delante. Poder guiar e influir es el tremendo beneficio de ser profesor”, concluye Sergio Bazaes, alumno de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Radiografía a la situación de los profesores en C9.

8.315 estudiantes han sido beneficiados con la Beca Vocación de Profesor entre los años 2011 y 2013, según cifras entregadas por el Ministerio de Educación. De ese total, 518 alumnos corresponden a estudiantes bajo la modalidad de licenciaturas

Ideas claves

Un sistema educativo no será efectivo si no atrae a las personas correctas a la docencia. Hace unos años una autoridad educativa surcoreana, entrevistada para un informe de la consultora McKinsey, expresó esa necesidad muy bien: “La calidad de un sistema educativo tiene como techo la calidad de sus docentes”.

La beca Vocación de Profesor fue un primer paso para atraer personas de más habilidades a las pedagogías, un ingrediente fundamental en esa calidad. Ha tenido un efecto significativo, pero, como era de esperar, limitado. Tiene que complementarse con una formación desafiante que, por una parte, motive a jóvenes de más habilidades y, por otra, los dote de nuevas competencias, capacidades y destrezas para desempeñarse en la sala de clases. Aquí el Estado también ha invertido recursos, pero aún es pronto para evaluar los impactos.

Todavía está pendiente, pero indispensable para reforzar y consolidar los esfuerzos anteriores es la construcción de un desarrollo profesional que justifique la permanencia de esos jóvenes de mayores habilidades y mejor preparados en esta disciplina. Si hay una tarea urgente en educación, es esta. Si no, estaremos condenados a un techo de baja altura.

Hoy estamos atrayendo a estudiantes más talentosos, pero no estamos ofreciendo un programa de formación lo suficientemente atractivo y desafiante para ellos”.MARCELA ORTIZ ELIGE EDUCAR

Los estudiantes becados han mostrado muchas menos dificultades en su proceso de aprendizaje. Sus competencias y habilidades de entrada son muy buenas”.CLAUDIO DÍAZ,UNIVERSIDAD DE CONCEPCIÓN

Tengo la fortuna de trabajar en un colegio que me gusta, pero eso no quita que a veces me pregunte para cuánto más me va a dar este sueldo?`. Eso hay que resolverlo”.FRANCISCA ELGUETA, PROFESORA BECADA

Fuente: El Mercurio 19 Enero 2014 Cuerpo A p. 10 Internacional