El alto nivel de demandas que les hacen los colegios a niños y apoderados está llevando muchas parejas a pedir ayuda psicológica por los conflictos que eso genera en su relación y familia. “El colegio ha invadido la casa, excediendo en vez de alivianando la carga a padres agobiados”, dice Eugenia Weinstein.

Su problema es el siguiente: No da abasto. Las exigencias académicas de sus tres hijos: Andrés (segundo básico), Sebastián (sexto) y Catalina (octavo) son cada vez mayores y ella se siente incapaz de estar encima de los tres.

Tiempo atrás, Lorena Valenzuela, 43 años, traductora intérprete, cambió su carrera por el cuidado de sus hijos. Entre otras razones estaban sus ganas de ser quien supervisara y apoyara en casa el rendimiento de sus hijos en el colegio. Su marido es quien aporta el ingreso principal al hogar y ella es quien recibe a los niños al llegar del colegio a las cuatro de la tarde.

Cuando dice que a veces no da abasto es porque las horas de estudio diarias que deben tener sus hijos en casa -donde a ella le toca dictar, tomarles pruebas ficticias que descarga de internet, y bajar de la web ejercicios matemáticos para enseñar-, sumado al apoyo que el colegio exige para que tengan un rendimiento adecuado -psicopedagoga, clases particulares, reforzamiento escolar-, y a las clases de atletismo que tienen los tres los sábados temprano en la mañana, la tienen superada.

-En época de pruebas es terrible -cuenta Lorena.

Y admite que, sobre todo en esas semanas del año escolar, los momentos con su marido pasan a ser escasos. Postergados.

-Si es que hay algún momento para conversar, lo hay. Pero si es que no, no. Lo otro siempre es prioridad. Uno también tiene que hacerse el espacio para estar juntos. Salir un sábado por la tarde o tomarse un traguito en la terraza para conversar. Pero yo siento que mientras los niños más crecen, es más lo sobrecargados que nos sentimos por el tema del colegio. Además que sean mayores en edad no implica que les cueste menos, a veces pasa al revés -agrega.

Según la psicóloga Eugenia Weinstein, son cada vez más las parejas que solicitan ayuda afectados por la absorbente participación que les exigen los colegios. Existe una tendencia, dice, a sobrecargar a los apoderados a tal punto que los matrimonios entran en conflicto.

-He observado que entre las parejas hay una sobrecarga tal de tareas, que continuamente se da una discusión sobre quién está encargado de qué cosa. Gran parte de la interacción está basada en una recriminación mutua de que uno de ellos se hace cargo de todo. Ambos miembros se sienten sobreexigidos y no reconocidos en su rol. No es que toda la tensión provenga exclusivamente de las exigencias del colegio, porque se trata de un problema multifactorial, sin embargo sí es una carga importante. El colegio ha invadido la casa, excediendo en vez de alivianando la carga a padres agobiados por una serie de tareas que ellos también deben cumplir fuera de la casa. Una cosa es que los padres colaboren con los colegios, pero los colegios deben colaborar con la familia también -dice la terapeuta.

Los expertos coinciden en que se trata de un fenómeno creciente, que tiene directa relación con la sobreexigencia académica que tienen los niños en los colegios y la, a veces, absorbente integración demandada a los apoderados en el proceso de aprendizaje de los alumnos. Si no es ayudando a hacer tareas en la casa, es participando activamente en las innumerables actividades organizadas en el colegio, tanto los días de semana como sábados y domingos. Los especialistas hablan de una situación de “escolarización forzada” enfrentada por los padres”.

El problema, dicen los terapeutas, es que los padres han volcado su atención a resolver encargos del colegio de sus hijos en vez de interactuar entre sí como pareja, postergando los tiempos de esparcimiento, de conversación y de diversión. Y eso, además de afectar su relación afectiva, termina incidiendo en toda la dinámica familiar.

-Los padres están tremendamente exigidos, lo que atenta contra la convivencia familiar. El tiempo en el que están los padres con los hijos debiera ser de muy buena calidad, pero no lo es porque se está dando prioridad a las tareas escolares y al estudio. Además, si no se cumple con estos deberes, los padres son sancionados por el entorno y en el mismo colegio son catalogados como “malos padres”. Cuando, muy por el contrario, hacen un esfuerzo enorme por cumplir con todo. Son parejas que no han tenido ni un minuto para sí mismos, que vienen a encontrarse los días de semana recién a las diez de la noche, cuando ya a esa hora están ambos muy cansados -dice Weinstein.

Isidora Mena, psicóloga infanto-juvenil y doctora en educación de Valora UC, observa que esta tendencia se da de forma más aguda en los grupos socioeconómicos altos. Cita a la psicóloga Verónica Gubbins, académica de la Universidad Alberto Hurtado -autora de un estudio cualitativo sobre cómo aporta la familia al rendimiento escolar en colegios provenientes de distintos sectores-, que confirmó la presencia de estas prácticas, sobre todo, en colegios de barrio alto.

-Son los que les exigen a los padres una disponibilidad excesiva y complementaria como requisito para mantener al niño en su colegio. Y son los padres y madres de este nivel socioeconómico los que invierten a veces el tiempo completo de la madre en esta actividad de “escuela privada en casa”, donde es la madre quien se relaciona con sus hijos en función de las miles de actividades “educativas”-dice Mena.

Ese modelo sería el resultado de una sobreexigencia académica que, según la neuropsiquiatra infantil y especialista en salud mental de escolares, Amanda Céspedes, el colegio no puede enfrentar a solas.

-Lo que antes se exigía en primero medio hoy se pide en séptimo básico; lo de séptimo, en quinto; lo de quinto, en tercero básico. Esto indudablemente trae consigo una situación en que el niño está más demandado de lo que corresponde a su edad y nivel de madurez. La única salida que tienen los colegios es que esto se vea en la casa -dice.

Según Céspedes, cuando la escolarización se toma todos los espacios de tiempo libre que hay en casa, además de ser fuente de conflicto constante en parejas, provoca en los niños sentimientos de desmotivación.

-La única solución pasa porque los colegios se vayan alejando de este fantasma que se instaló como excelencia académica desde la cantidad. Este escenario afecta la socialización al interior de la familia. La forma que tienen los padres de educar las emociones en la casa es cuando están con los niños y cuando dedican tiempo a enseñarles a conversar; a reflexionar; a resolver conflictos de manera pacífica. Se está produciendo un disturbio importante. Se están socavando los cimientos de lo que es una familia sana-dice Céspedes.

La psicóloga y terapeuta del programa INICIA del Instituto Chileno de Terapia Familiar, Cristina González, dice que la presión se hace intensa sobre todo a partir de la educación básica, cuando se espera que los apoderados participen y se integren a las instancias de aprendizaje del colegio.

-Esto supone una coordinación distinta en la pareja. ¿A quién le toca revisar las tareas? ¿O este rol se asigna a padre y/o madre por defecto? ¿Toman los padres un acuerdo al respecto? El problema es que no hay un minuto de conversación entre los padres sobre cómo van a abordar esta nueva demanda de la vida que es entrar en las exigencias que implica el colegio. Ahí la pareja tiene que lograr acuerdos profundos, que a veces cuestan. Por lo general, si hay uno de los padres que se siente sobrecargado, se va a generar un conflicto -dice González.

Lo inquietante, agrega Amanda Céspedes, es que en ese contexto, muchas veces los niños empiezan a sentir que son los culpables del problema de pareja de sus padres y que todo está mediado por su rendimiento en el colegio.

La psicóloga Cristina González ha observado una disminución de los conflictos matrimoniales durante las vacaciones escolares.

-Durante el año, el foco de la relación está en si el niño cumple o no con las tareas y los niños resienten eso. Los padres no se interesan tanto en “estar” y conectarse con sus hijos porque adquieren el rol de autoridad que controla y exige. Y el niño siente que en la medida en que cumple, lo quieren. Si no cumple, no. Por todo esto, la relación de los padres con el hijo empieza a estar condicionada por esto-dice

Isidora Mena complementa:

-Hay muchos niños que plantean que a los papás lo único que les interesa es el colegio, y que no les interesan ellos como persona, lo que suele disminuir el rendimiento en vez de aumentarlo.

Las expertas coinciden en que los padres tienden a construir su propia autoestima en función del éxito de sus hijos. Si los niños no alcanzan un buen rendimiento académico, se sienten tremendamente frustrados.

-Los padres se proyectan mucho en los hijos y uno de los lugares principales donde ven cómo el hijo funciona y rinde es en el colegio. Cuando al niño no le va bien o no tiene amigos, sienten que ellos no lo hicieron bien. Yo creo que lo más importante es que todos, colegios y familias, reconozcan que el bienestar en los niños no se basa en la exigencia extrema -concluye Mena.

“He observado que entre las parejas hay una sobrecarga tal de tareas, que continuamente se da una discusión sobre quién está encargadode qué cosa”.

“Se está produciendo un disturbio importante. Se están socavando los cimientos de lo que es una familia sana”, dice Céspedes, sobre las exigencias escolares.

“No hay un minuto de conversación entre los padres sobre cómo abordar esta nueva demanda, Que son las exigencias del colegio. la pareja debe lograr acuerdos profundos, que a veces cuestan”, dice González.

Fuente: El Mercurio 21 Enero 2014 Revista-Ya p. 60-61-62-64