OBSERVACIONES HECHAS POR MÁS DE UNA PERSONA Y CONSTANCIA DE ACTIVIDADES EXTRACURRICULARES VAN EN ALZA.

De visita en el país, la investigadora conversó acerca de las tendencias para medir el desempeño docente en el mundo.

Margherita Cordano F.

La organización estadounidense The New Teacher Project (grupo que promueve que las minorías y grupos vulnerables tengan acceso a docentes de buen desempeño) dio a conocer en 2009 un informe en el que evidenciaban el fracaso de ese país para reconocer a sus buenos profesores. Y es que, según los datos, en Estados Unidos las evaluaciones realizadas a los maestros mostraban que el 97% de quienes enseñaban en colegios tenían un desempeño excelente, cifra que no se correspondía a los resultados que mostraban sus alumnos.

“Eso causó un abrir de ojos, porque sabíamos que la situación no era esa ideal que se planteaba. Si te ponías a investigar cómo era que se había llegado a estos números, notabas que las evaluaciones consistían en rápidas listas de verificación, observaciones breves e infrecuentes, además de una retroalimentación muy pobre”, explica Courtney Bell, investigadora del Educational Testing Service, organización centrada en estudiar cómo se desarrolla el sistema educativo estadounidense.

De visita en el país para participar como expositora en el seminario “Desarrollo profesional docente en Chile”, organizado por el centro de medición Mide UC de la Universidad Católica, la investigadora explicó cómo su país ha ido avanzando desde la publicación del informe, además de comentar los distintos métodos que aplican las naciones para evaluar la eficacia de sus profesores.

Más de una visión

Sus palabras toman como base los estudios que actualmente lleva a cabo con apoyo de las fundaciones Bill y Melinda Gates, W.T. Grant y Spencer, en los que busca validar los distintos instrumentos de medición de la calidad de la enseñanza.

Si bien cada uno de los 50 estados de su país cuenta con un sistema propio de educación (por ende, no tienen un procedimiento unificado de evaluaciones), en todos es obligación medir de vez en cuando el desempeño de los profesores. Bell ha podido notar que aunque la frecuencia en la que se hace varía entre uno y otro, en ningún caso se prescinde de la observación de clases.

“Es la medición con mayor validez pública”, indica. Esto no significa -advierte- que siempre se realice de la mejor forma. “En algunos casos sucede que los observadores que pertenecen al colegio inflan los puntajes de quienes son evaluados”.

Según lo que ha podido ver, una recomendación útil es “introducir a otra persona que pueda hacer observaciones al mismo tiempo. Ahí son dos visiones y dos o más responsables de lo que se escribe. Los estudios muestran que la observación conjunta es una forma correcta de disminuir esta tendencia de tirar a tus propios profesores hacia arriba cuando no lo merecen”.

En Chile, la evaluación docente se compone en su mayor parte de un portafolio que entrega el mismo profesor y que incluye una grabación de sus clases, además de una explicación del diseño de estas. Se pide también la referencia de terceros, una entrevista entre colegas y una autoevaluación de desempeño.

A Bell le parece que, por miedo a perder su trabajo, esta última petición suele terminar en profesores evaluándose de manera destacada. Una medida más certera, sugiere, es que los docentes den cuenta de sus actividades fuera de la sala de clases, pero que se relacionan con el mundo de la educación: puede que entrenen al equipo de fútbol del colegio o que hayan liderado el equipo que propuso cambios a la forma de hacer reuniones.

En cuanto al uso de videos, Bell indica que “también es común en Estados Unidos, pero todavía no mucho a nivel global. Por mi parte me parece una buena idea, porque además de permitir que sean más las personas que acceden a evaluar una clase, lo puedes usar para propósitos de desarrollo profesional. Puedes revisar e ir parando el video para tener una conversación de lo que pasó ahí. Se aprende”.

Lo que detiene a algunos en su uso, muestran las investigaciones, es que “hay preocupación en torno a la privacidad por parte de los padres. A muchos no les gusta que graben a sus hijos”.

Entre las estrategias en alza está el fijar objetivos entre profesores de una misma generación y a fines de año ver si se cumplieron. Esto es distinto a medir el porcentaje de crecimiento de un año a otro, “porque eso impide que profesores jóvenes sean evaluados. No se tiene información histórica de cómo rindieron antes si son nuevos”, dice Bell.

Otra es que los alumnos opinen de sus maestros. “Son encuestas de creencias. Los profesores se asustan porque creen que las evaluaciones docentes son concursos de popularidad, pero, en realidad, lo que se hace son preguntas concretas: ¿te pide tu profesor que expliques tus respuestas?, ¿resume los puntos clave al final de una clase? Eso pasa o no pasa”.

¿Qué hacer con los docentes de mal desempeño?

En Chile, los profesores que obtienen nivel de desempeño básico o insatisfactorio tienen el derecho de participar de los planes de superación profesional. Estos reciben financiamiento del Ministerio de Educación y están diseñados y ejecutados por el sostenedor. En el caso de las municipalidades, estas pueden derivar la labor a centros especializados en la materia.

“Es importante darles una oportunidad y las herramientas para superarse. Pero también es importante reconocer que si en cierto período de tiempo no lo logran, es mejor dar un paso al costado”, dice la investigadora Courtney Bell.

 

Fuente:  el mercurio